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Moda y museos, un tándem imbatible

por Vicente Gallart

03 de abril de 2025

El pasado 24 de enero, el Museo del Louvre inauguró Louvre Couture, una exposición que ofrece «una nueva perspectiva sobre las artes decorativas a través del prisma del diseño de moda contemporáneo», según su comisario Olivier Gabet. Poco después, el 4 de marzo, el museo más visitado del mundo acogió Le Grand Dîner, una elegante gala benéfica que tuvo lugar en la segunda noche de la Semana de la Moda de París Otoño/Invierno 2025. Aunque no es la primera vez que el Louvre recibe a la élite de la moda y la cultura pop (su patio, La Cour Carrée, es el lugar donde la firma Louis Vuitton siempre presenta sus colecciones femeninas), este evento ha generado inevitables comparaciones con la icónica Gala del MET.

 

Lo cierto es que este momento se percibe como un hito en la desaparición de las fronteras entre la moda y las bellas artes, reflejando su creciente interdependencia comercial. Si bien en los últimos años la moda ha encontrado en el arte una fuente constante de inspiración, la inauguración de la exposición del Louvre pone el foco en la otra cara: cómo la moda se ha convertido en una apuesta comercial sólida para los museos de primer nivel.

 

Otro ejemplo de esta sinergia se vio en la Bienal de Venecia, que en su última edición colaboró con Dior para una exposición colectiva. ¿El motivo? Un guiño a las raíces del fundador de la firma, Christian Dior, que trabajó como galerista en los años 20 y 30. Junto a Dior, otras firmas como Balenciaga, con instalaciones protagonizadas por bolsos icónicos; Burberry, patrocinadora del Pabellón Británico; y Tod’s, reivindicando la artesanía en el Pabellón Italiano, también participaron en el evento.

En la imagen, un bolso de Balenciaga creado por Denma Gvasalia como parte de una instalación de arte en la última Bienal de Venecia.

Exposiciones itinerantes y triunfantes

 

Cada temporada, las exposiciones de moda conquistan los museos más prestigiosos del mundo, atrayendo a una gran cantidad de público. Sin embargo, hay dos muestras itinerantes que destacan por haber sido pioneras y triunfar durante años por todo el planeta.

 

Por el momento, solo las firmas Dior y Chanel han creado exposiciones que recorren el planeta colaborando con museos con perfiles muy diferentes entre si. En cada ciudad que aterrizan se organiza un evento de inauguración que es un gran acontecimiento mediático.

 

La primera de ellas es Christian Dior: Designer of Dreams, una exposición que abarca desde 1947 hasta la actualidad mostrando la historia y el impacto de uno de los modistos más influyentes del siglo XX. Inaugurada en el Victoria & Albert Museum de Londres en 2019, la exposición amplió su contenido para explorar la estrecha relación de la maison parisina con la cultura británica. Desde entonces, ha viajado al Musée des Arts Décoratifs de París, el Brooklyn Museum de Nueva York, el MOT de Tokio, el Long Museum West Bund de Shanghái, el M7 de Doha y, más recientemente, el Saudi National Museum de Riad.

 

La segunda muestra itinerante de gran éxito es Gabrielle Chanel. Fashion Manifesto. Su contenido abarca desde la apertura de la primera ‘boutique’ de sombrerería de Coco Chanel en París en 1910 hasta su última colección, presentada en el año 1971. El montaje incluye casi 200 looks, de los cuales 60 nunca habían sido presentados al público. Esta exposición se inauguró en 2020 en el Palais Galliera de París y ha viajado por la National Gallery of Victoria en Melbourne, el Victoria & Albert Museum en Londres y la Power Station of Art de Shanghái.

En la imagen, una imponente colección de vestidos de noche perteneciente a la exposición itinerante Christian Dior: Designer of Dreams.
En la imagen, el área dedicada a los trajes sastre confeccionados con ‘tweed’ perteneciente a la exposición itinerante Gabrielle Chanel: Fashion Manifesto.

El MET y la gran exposición de moda anual

 

Si hay un evento que marca la pauta en la relación entre la moda y los museos, es la MET Gala. Organizada cada primer lunes de mayo por el Costume Institute ubicado en The Metropolitan Museum of Art (MET) de Nueva York, este acontecimiento ha evolucionado de una cena exclusiva de la alta sociedad de Manhattan a un evento con la alfombra roja y la lista de celebrities invitados más imponente del mundo.

 

La convocatoria social comenzó en 1948 como una cena a la que asistir costaba 50 dólares por persona en el Waldorf Astoria. La primera edición fue una idea de la publicista de moda Eleanor Lambert, un personaje clave en la posterior creación de la Semana de la Moda de Nueva York. Concibió la cena como una forma para recaudar fondos destinados a ayudar con los gastos del Costume Institute y como una excusa perfecta para organizar una gran exposición con la moda como protagonista.

 

No fue hasta la década de los setentas cuando esta exposición anual se convirtió en temática. Y fue Diana Vreeland, la legendaria editora en jefe de Vogue, quien así lo decidió, convirtiéndose también en la primera consultora especial del Costume Institute. La primera de estas galas en el MET fue una retrospectiva de la obra del gran Cristóbal Balenciaga en 1973, un año después de su fallecimiento. Algunas de las que más impacto mediático tuvieron estuvieron dedicadas a la moda con inspiración rusa y a la que rendía tributo al glamour de la época dorada de Hollywood.

 

Gracias a la influencia de Anna Wintour, la Gala del MET se ha convertido en uno de los eventos anuales de moda más exclusivos. Cada año, los y las celebrities que reciben una invitación para asistir deben acudir vestidas según su propia interpretación de un tema.

 

Según Anna Wintour, la editora en jefe de la edición norteamericana de Vogue y copresidenta de la Gala, “el evento se ha convertido en una de las raras ocasiones en las que estrellas del cine, la música o el deporte, representantes de la política, iconos culturales y socialités se reúnen con diseñadores y modelos para celebrar la moda y disfrutar de una noche en el museo”. De este modo, el MET ha conseguido que su exposición sea la más importante del panorama actual que aboga por fomentar la sinergia entre moda y museos.

 

Tras la gala, se inaugura la exposición anual del Costume Institute, en la que se muestran entre 200 y 300 piezas seleccionadas de un vasto archivo que abarca cuatro siglos y se puede descubrir (en parte) a través de su colección permanente. Andrew Bolton, comisario jefe de la institución, es el encargado de dar forma a estas muestras que combinan tecnología, efectos visuales y un diseño expositivo innovador que incluye inteligencia artificial, imágenes generadas por computadora, rayos X, videoanimación o proyecciones con luces y sonidos. Todos estos recursos y muchos más forman parte de la exposición de moda definitiva que, cada año, deja bien claro por qué la moda merece su espacio en el ámbito de los museos. Y por qué la moda, cuando se lo ceden, triunfa entre el público de una manera rotunda.

En la imagen, una muestra de diseños creados con ‘paillette’ dorado perteneciente a la exposición del MET Sleeping Beauties: Reawakening Fashion en 2024.

La legitimidad de la moda como expresión artística

 

Todo lo anteriormente expuesto podría hacer pensar que la relación entre la moda y los museos siempre ha sido cordial. Y no es el caso. Si bien históricamente los museos han coleccionado prendas y accesorios de moda, esto se debía generalmente a razones antropológicas o históricas, más que artísticas o estéticas. La introducción de la moda en los museos, tal y como la conocemos hoy, se consolidó con la creación de los departamentos de moda en el MET de Nueva York y el V&A de Londres.

 

Por el momento, la historia del comisariado de moda en los museos aún se está escribiendo. Es una labor que cotiza al alza y que, poco a poco, se está ganando el respeto académico que merece teniendo en cuenta la gran popularidad que alcanzan todas y cada una de sus exposiciones.

 

Si analizamos la trayectoria de la moda desde su aparición en los museos, todo apunta a que logró entrar y permanecer en el ámbito museístico gracias a su popularidad entre un público formado por ‘fashion lovers’ de muy diferente perfil (porque no todos ellos y ellas tienen veintitantos ni perfiles en redes como Instagram o TikTok). Y ello ha supuesto un continuo éxito a nivel económico. Un buen ejemplo fue la transgresora exposición Alexander McQueen: Savage Beauty, organizada por los citados museos en 2011 y 2015 respectivamente y considerada como el primer ‘blockbuster’ de la moda expuesta en el interior de un museo. Sin embargo, aún persisten voces críticas que la ven como un simple entretenimiento comercial y no como un medio educativo legítimo.

 

Quizás la mejora en la relación entre moda y museos esté en manos de un nuevo perfil de comisariado especializado en preservar su legado y en difundirlo a través de programas y cursos académicos de prestigio. Sin duda alguna, la clave para que se reconozca el gran valor cultural que hay detrás de las exposiciones de moda frente a los habituales prejuicios que se asocian con ella está en una nueva generación de profesionales que es, ante todo, experta en Historia de la Moda.

Información sobre el articulista

Vicente Gallart es periodista especializado en moda. Comenzó su trayectoria profesional en VOGUE España, donde fue editor de moda durante ocho años, y desempeñó el mismo cargo en GQ España durante trece años. Ha colaborado habitualmente con otras publicaciones como TELVA, YO DONA, S MODA y Vanity Fair. Actualmente, es profesor en el Vogue College of Fashion. Además, es fundador y coordinador de Ecolover.life, una web dedicada a la moda, la belleza y el estilo de vida sostenibles. Es autor de los libros «100% NATY, el manual de moda de Naty Abascal»; «IRRESISTIBLES, un recorrido por 100 años de it girls en la moda»; y «Viaje a través de la moda: diseñadores, iconos y estilos de los siglos XX y XXI».